jueves, 5 de septiembre de 2019

                                                  VIAJE A LAS BAHAMAS 
Dejábamos Estados Unidos para unos cuantos días, nos esperaban las increíbles islas Bahamas y sus playas de ensueño. Este país a medio camino entre el Atlántico y el Caribe se sitúa a poca distancia al sureste de la península de Florida. Formado por más de 700 islas, islotes y cayos, de las cuales sólo 24 están habitadas, que se puede esperar… pues bastante tranquilidad y un montón de rincones espectaculares por descubrir!
Volábamos desde Fort Lauderdale al Aeropuerto Internacional Lynden Pindling de Nassau, la capital, situada en la isla de New Providence. La isla principal sería la primera de nuestras tres paradas en Bahamas a parte de Grand Bahama y Eleuthera, que las visitaríamos posteriormente. Las vistas de la isla desde el avión no tenían desperdicio, las playas de un azul turquesa intenso se sucedían una tras otra. Nada más llegar pudimos comprobar el ritmo pausado y tranquilo que reina en el país en los controles de inmigración, la verdad es que no había prisa y nosotros tampoco la teníamos.

La primera sensación que tuvimos es que allí dos mochileros no pegaban ni con cola. Todo el mundo que llegaba tenía su transfer ya a la salida esperándole, para llevarle a uno de los tantísimos hoteles de lujo de New Providence. Se nota que allí va gente con pasta y por no haber, no hay ni buses que salgan del aeropuerto, la única opción es el taxi. Seguro? Sí segurísimo. Nos costó 27 dólares llegar a Saunders Beach y 35 costaba hasta Paradise Island, ninguna baratija. Probamos suerte intentando compartirlo con la única mujer que vimos sola y a pesar de mucho insistir, policía y taxistas van de la manita conpinchados. Se sacan de la manga que por ley, Bahamas no permite compartir taxi. A esto contestamos, que hubiera pasado si hubiéramos dicho que íbamos los tres juntos?… El caso es que nos pasamos los 20 min de trayecto discutiendo con la taxista y diciéndole que no estábamos de acuerdo con esa «ley». No se fiaba que no tuviéramos ningún hotel contratado y nos advirtió de que era todo peligroso, ir a casa de alguien, caminar por la calle… todo! Bla,bla,bla absolutamente ningún problema.
Teníamos reservado un apartamento a las afueras de la capital, en una zona residencial de casas bajas y el taxi nos dejó en la misma puerta a regañadientes. Estaba en la zona de Saunders Beach, a medio camino entre la ciudad y la playa más célebre de la isla, Cable Beach. La cosa no había empezado muy bien y continuaría igual. Por más que picábamos al timbre allí nadie nos abría la puerta, era muy temprano y el calor ya era insoportable. Tras esperar una hora y haber hablado con medio vecindario, una pareja de alemanes que se habían alojado allí esos días nos abrieron al fin la puerta del apartamento y conversamos con ellos sobre lo que se podía hacer por la zona. Estábamos oficialmente llegados a Bahamas. Por fin! Y qué calorón! Ya podíamos dejar las mochilas y descargar la espalda. Al poco llegó el propietario con esa calma bahameña característica para disculparse con el malentendido (creía que llegábamos más tarde) y explicarnos todo el apartamento.
Había ganas de playa y ese día lo habíamos reservado para acercarnos a Cable Beach. Se sitúa a unos 15 min al oeste de Nassau y es donde están la mayoría de hoteles de lujo, sin incluir el mastodóntico Atlantis que tiene su propia isla entera, Paradise Island. Tomamos el bus número 10 que recorre los puntos principales de la isla, imprescindible para desplazarse y bastante barato, entre 1 y 2 dólares. Las paradas de interés a las que llega son Downtown, Cable Beach, Arawak Cay y cualquier punto intermedio donde avises al conductor. Íbamos como sardinas en lata con un montón de gente en este mini bus a ritmo de reaggae hasta llegar a destino. La verdad es que por la zona no se veía ningún turista, nos dimos cuenta que la mayoría toman sus propios buses de los hoteles y prácticamente no se ven fuera de ahí.
Para llegar a la playa fue toda una odisea puesto que la zona de obras de un nuevo macro complejo llamado Baha Mar impedía el paso. Realmente creíamos que había mucho más espacio público que privado en la playa, pero el destino hizo que acabáramos en el recinto privado del hotel Meliá como polizones jaja. Tras no haber manera alguna de pasar entre los edificios, preguntamos a un conserje del Meliá y nos dejó pasar por el hotel, un lujazo al que no estamos acostumbrados y realmente muy bonito. Acabamos ocupando dos hamacas de la exclusiva playa dándonos cuenta que éramos los únicos sin pulserita… Gracias hotel Meliá por tu calurosa bienvenida!
El resplandeciente azul turquesa del agua fue la primera vez que nos sorprendió en el viaje, pero lo mejor estaba por llegar todavía en la isla de Eleuthera. Si esta era la playa de la capital, no queríamos imaginarnos como sería el resto de islas… Pasamos el rato allí como unos hoteleros más, hasta que volvimos a coger el bus que nos llevase a Arawak Cay.

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